RESEÑAS

viernes, 6 de mayo de 2016

Reseña de Operación Ogro (Gillo Pontecorvo, 1979)

Mi muy ideologizado sobrino-nieto:

Resulta que a sor Transición, la monjita encargada en la Residencia de la repostería, que venden toda para fuera y que a nosotros no nos dejan catar y eso que… Bueno, que me voy. La cosa es que a sor Transición le apasiona el arte religioso y que lo mismo te da una charla sobre los éxtasis de los mártires de Zurbarán que te habla de la técnica naif de una carmelita del monasterio de Consuegra.

Fue ella la que nos jodió el final de Operación Ogro en la ludoteca. Estaba empeñada en que el encuadre final es una reinterpretación de la “Lamentación sobre Cristo muerto” de Mantegna. ¡Y tenía razón la condenada! Lo que pasa es que nos perdimos las palabras últimas que Gian Maria Volontè le dice a Eusebio Poncela y que eran el busilis del asunto. El mensaje, vamos.

O sea, que tuve que volver a verme el final después de cenar, para poder hacer con propiedad estas croniquillas que te mando de tanto en tanto y que me sirven para distraer las largas horas insomnio senil.

Tu tío-abuelo que bien te quiere, don venerando

La película

Gillo Pontecorvo tiene una filmografía parva. Y si nos limitamos a los largometrajes de ficción, más aún. Cinco entre 1957 y 1979. Lo que pasa es que tanto La battaglia di Algeri (La batalla de Argel, 1966) como Queimada (id., 1969) tuvieron enorme repercusión, sobre todo, en el emergente Nuevo Cine Latinoamericano. El modelo épico izquierdista había encontrado en Pontecorvo un artífice a la medida de su tiempo. Por eso no es extraño que cuando Eva Forest publica en Francia con seudónimo Operación Ogro: Cómo y porqué ejecutamos a Carrero Blanco, Margarita Aleixandre, que había realizado en España una película pionera de intención política –La ciudad perdida (1954)- y que había producido parte de la filmografía de Tomás Gutiérrez Alea en la Cuba castrista de los años sesenta antes de exiliarse doblemente en Italia, pensara en Pontecorvo para dirigir una adaptación. En los créditos de la película asumirá las funciones de “Asesoría y Coordinación General”.

La intención es clara. Precipitar el debate sobre el futuro de España y de Euskadi en el mismo momento en que Franco se está extinguiendo y al que el atentado contra el almirante Luis Carrero Blanco ha servido de preludio.


El proceso es largo. Franco Cristaldi encara la producción con la imprescindible colaboración desde España de la nueva productora de José Sámano. Pontecorvo y Giorgio Arlorio se embarcan en un trabajo de campo que durará varios meses, como han hecho en sus anteriores películas. La realidad española cambia de día en día, pero Italia también vive un momento convulso en la primavera de 1978 con el secuestro y ejecución de Aldo Moro por parte de las Brigadas Internacionales. Esto hecho coincide con la preparación de Operación Ogro y gravita indudablemente sobre el equipo, dado que las similitudes argumentales son tantas como divergentes eran las situaciones políticas en ambos países.

Por eso, en la versión italiana hay un prólogo ausente de la española, que arranca con el velatorio público de Franco en el Palacio Real, la convocatoria de las primeras elecciones y la particular situación que se ha vivido hasta ese momento en el País Vasco al sur de los Pirineos, con cuyo mapa concluye el preámbulo documental. En cambio, en la versión que nos proponen Vídeo Mercury y Divisa, una escueta cartela subraya las diferencias entre la España de 1973 y la de 1978 y cómo “en este nuevo contexto, muchos miembros de la organización terrorista ETA abandonaron la violencia, aunque otros se negaron a dejar las armas a pesar del fundamental cambio que supuso la instauración de la democracia”. Este texto busca reforzar la idea que Pontecorvo ha querido dejar clara al dividir la acción en tres tiempos.

La historia arranca en 1978, cuando Txabi (Eusebio Poncela) y Amaiur (Ángela Molina) se reencuentran después de varios meses sin verse a pesar de que tienen un hijo en común. La acción se traslada entonces a finales de la década de los cincuenta. Una serie de viñetas ilustran con trazo bastante grueso la situación de opresión lingüística, educativa y policial en la que se criaron los futuros integrantes de la banda armada. Sólo entonces nos trasladamos a 1972, en el momento en el que el comando liderado por Izarra (Gian Maria Volontè) se traslada a Madrid. Desde este momento nos encontramos ante un thriller salpimentado por debates ideológicos que provocan continuos enfrentamientos entre Txabi e Izarra. Frente al aliento épico-documental de La battaglia di Algeri, Operación Ogro opta por un acercamiento intimista a los rostros de sus intérpretes.


Los otros miembros del comando, Luque (Saverio Marconi) e Iker (José Sacristán) quedan en un segundo plano, como las dos mujeres. Iker cobrará cierto protagonismo a partir del momento en el que Carrero es nombrado presidente del gobierno y la organización decide dejar de lado el secuestro y preparar un magnicidio. Es entonces cuando se hace pasar por escultor para alquilar un piso desde el que cavar el túnel bajo la calle Claudio Coello y cuando la cinta juega sus mejores bazas. La construcción del túnel se convierte así en meta y metáfora de la propia película. Por eso, las dos vueltas al presente de 1978 para contar los caminos divergentes que han tomado Txabi e Izarra resultan tan dramáticamente insatisfactorios como ideológicamente superficiales. Lo mismo ocurre con el minúsculo personaje interpretado por Ana Torrent, símbolo transparente y de sonrojante ingenuidad de una nueva Euskadi en paz.

No obstante, la película se presentó en la sección oficial del Festival de Venecia de 1979 y Pontecorvo obtuvo el premio David di Donatello de la Academia Italiana de Cine a la mejor dirección. No parece que fuera suficiente reconocimiento porque fue su último largometraje de ficción.

La edición

La edición en DVD –también hay Blu-ray- viene en un disco de doble capa con un peso total de 5,21 Gb. La duración es de 101 minutos con 14 segundos, a los que hay que restarles 30 segundos de la cabecera de Vídeo Mercury Films.

La banda de sonido se presenta, como es habitual en las ediciones de cine español por parte de Divisa, en doble mono y en una simulación de 5.1. Sólo se ha incorporado el doblaje español, en el que no sólo se cambian las voces de los actores italianos y franceses, sino las de Ángela Molina, Ana Torrent y otros intérpretes hispanos. Dado que, salvo por el prólogo, el montaje es idéntico, no hubiera estado mal poder escuchar la interpretación original de Volontè.


En cuanto a la imagen, la colorimetría parece bastante adecuada a la paleta fría empleada por Marcello Gatti en la película, más acertada que la dominante magenta del DVD italiano editado por Cristaldi. La definición, que podemos calificar de correcta sin más, sufre de algunas limitaciones en los planos más oscuros. No hay exceso de filtros digitales y, al menos, en una revisión a ojo de buen cubero, tampoco se aprecian graves defectos de compresión, salvo por algún realce en los bordes de las tipografías.

Debió de rodarse con la ventanilla abierta, porque la copia italiana presenta una relación de aspecto de 1,66:1 –el panorámico utilizado en Europa en estos años- sin que los encuadres se resientan de ausencia de aire, en tanto que en España se estrenó en cines en formato académico (1,37:1) y éste es el que se puede ver en el DVD español, anamórfico, por lo que presenta en ambos laterales las correspondientes bandas negras.

A las habituales filmografías, fichas técnico-artísticas y carrusel fotográfico –enriquecido en esta ocasión con media docena de fotocromos- hay que añadir el tráiler español que invoca al espectador desde una neutralidad interesada: “¿Dónde estaba usted? ¿Qué pensó? ¿Quién se lo dijo? Operación Ogro, la explosión que cambió la historia de España”.

Razón de más para que, aparte de la ausencia de subtítulos y de la banda de sonido italiana, echemos de menos algunos extras que sirvieran para contextualizar el asunto. Dos son de fácil localización: el día de Nochebuena de 1973 No-Do lanzó una edición especial de su noticiario –el número 1615 bis- en el que a lo largo de quince minutos se desgranan los pormenores del atentado y la biografía oficial del delfín del Caudillo; y en el documental sobre Emilio Ruiz del Río, El último truco, se relata el modo en que se rodó la secuencia del atentado, que sigue considerándose aún hoy un logro del artesanado cinematográfico español.

Junto con la aplicación de software de corrección automática, queda claro que el busilis de las carencias supone el otro talón de Aquiles de estas ediciones mondas. Son otras tantas ocasiones perdidas de permitir al espectador transcender su condición de mero consumidor de productos culturales que activen la nostalgia.

Divisa / Video Mercury Films
DVD-9 | 1,33:1 | 16/9 | Español 2.0 y simulación de 5.1 | Color | 1:41:14
Extras: Filmografías, Fichas, Galería y Tráiler (3:10)
Operación Ogro / Ogro (1979)
Producción: Sabre Films (ES) / Vides Cinematografica (IT)

Director: Gillo Pontecorvo.
Guión: Ugo Pirro, Giorgio Arlorio, Gillo Pontecorvo, de Operación Ogro: Cómo y porqué ejecutamos a Carrero Blanco, de Julen Agirre (Eva Forest).
Fotografía: Marcello Gatti. Música: Ennio Morricone. Montaje: Mario Morra. Decorados: Rafael Palmero.
Intérpretes: Gian Maria Volontè, José Sacristán, Ángela Molina, Eusebio Poncela, Saverio Marconi, Nicole Garcia, Féodor Atkine, Georges Staquet, Ana Torrent, Estanis González, Agapito Romo, Fernando Chinarro, José Manuel Cervino.

Capturas del dvd:









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