RESEÑAS

jueves, 24 de marzo de 2016

Reseña de La casa de las palomas (Claudio Guerín Hill, 1972)

Mi muy atormentado sobrino-nieto:

Te tenía yo prometida una misiva de muy distinto signo desde hace tiempo, pero como esta mañana, cuando me has traído esas tortas de chicharrones que me ponen el colesterol por las nubes y que la sor boticaria me tiene prohibidísimas, cuando yo me tomo un poco de sal de frutas y duermo la siesta como dios, que no entiendo porque esa alma bendita no se dedica hacer un cursillo de socorrismo, porque el otro día se le atravesó un huesecillo de pollo a don Facundo y… Bueno, que se me va el santo al cielo… Decía que, como esta mañana me has preguntado que si no tenía novedades y acababa de llegar yo del comercio con el DVD de La casa de las palomas recién salidito del horno de Divisa y Vídeo Mercury, me he dicho, digo, “voy a darle una alegría al muchacho y le cuento cómo les ha salido la cosa esta vez”.
Pues eso, que de seguido te lo cuento…

Tu tío-abuelo que bien te quiere, don venerando

La película

Claudio Guerín Hill tuvo una carrera tan breve como fulgurante. Un accidente puso fin a su vida cuando rodaba en Galicia los últimos planos de La campana del infierno (1973). Tenía entonces 34 años. Era su segundo largometraje. Había debutado como director con uno de los episodios de la película colectiva Los desafíos (1969) junto a dos compañeros de la Escuela Oficial de Cinematografía: Víctor Erice y José Luis Egea. Su práctica de fin de estudios, Luciano (1965), la historia de un pederasta asesino, le había valido los parabienes de compañeros y críticos. Sin embargo, como a la mayoría de sus compañeros de generación, la única salida profesional que se les ofrecía, fue la televisión y, según su propia opinión, era en este medio donde había que buscar sus mejores trabajos.


Sin embargo, La casa de las palomas sirvió para ponerlo por fin en órbita, gracias a la excelente acogida que le brindó el público. Algo más de millón y medio de espectadores en su primer año de exhibición proporcionó a la productora unos ingresos bastante golosos y a Guerín Hill la posibilidad de embarcarse en el siguiente proyecto. Por su parte, la crítica destacó lo que de original había en la propuesta formal del realizador, al que consideraron casi unánimemente por encima del material literario que le servía de base. No obstante, la intervención de la censura previa había obligado a limar determinados aspectos religiosos que podían resultar ofensivos. También algunas sugerencias de lesbianismo –matizadísimas en la película- que se resolvían en una escena de fuerte contenido simbólico y erótico, cuando una de las colegialas (la recientemente fallecida Concha Goyanes) decide profesar y la otra (Ornella Muti) se va desnudando mientras avanza por el pasillo central al son del canto gregoriano.

El sevillano Guerín Hill tuvo claro desde el principio que el escenario ideal para esta historia era Córdoba, por el contraste entre la sensualidad árabe y el rigor del catolicismo. De hecho, varios movimientos de cámara realmente complicados no tienen otro objeto que establecer la presencia constante de la religión como centinela de la moral en la pequeña ciudad de provincias. Dichos movimientos de cámara y la interposición continua entre el objetivo y los personajes de celosías, enrejados, verjas y cancelas confieren un barroquismo visual muy acusado a la cinta. Coadyuva a ello una paleta cromática de carácter netamente simbólico con el blanco asociado a la pureza y el rojo a la pasión en un ejercicio acaso demasiado evidente de asociaciones que atañe también a la presencia de caballos y de las palomas que dan título a la cinta. Es el modo en que Guerín Hill hace valer su condición de aseado facturador de productos industriales sin desdecirse de su posición de autor.


La última escena, que sustituye a la censurada, tiene carácter onírico y, ya que no dramáticamente, el director se empeña en que funcione a modo de tour de force alegórico, propiciando la oportuna catarsis de la muchacha que abandona la adolescencia y una tan conveniente como postiza redención de su amante (un Glen Lee que en las fotografías del rodaje parece el sosias de Guerín Hill). La utilización del ralentí lelouchiano para articular un flashback en el que se relata su pasado de gigoló ya nos había puesto sobre aviso de que, en tratándose de fotonovelerías, no todos los recursos podían tener la misma nobleza.

La edición

Ésta es la primera edición en formato doméstico digital que aparece en España. Hasta ahora quien quisiera acercarse a la película debía recurrir a la edición italiana de Legocart, con el mismo metraje, pero con el formato recortado, audio en italiano y sin subtítulos en ningún idioma. La aportación más notable de esta versión –y hemos de suponer que aparte de la traducción de los diálogos ésta sea la principal contribución al libreto de Giovanni Simonelli- es la inclusión de una voz en off que explicita el contenido simbólico del sueño. 

Así que en ese aspecto hemos salido ganando. La edición en DVD tiene un peso total de 4,57 Gb en los que se incluyen las dos pistas de sonido habituales en estas ediciones –una en doble modo y una simulación de 5.1- y unos extras testimoniales: un carrusel fotográfico, la ficha técnico-artística y las filmografías de Guerín Hill y de los principales intérpretes.

Sólo está disponible la banda de sonido española, con el doblaje del estreno, consistente pero demasiado desconcertante para uno.

La continuidad es correcta, hecha la salvedad de lo que la tijera de la censura se llevó. La proporción de pantalla se corresponde con el panorámico 1,66:1 con el que la película se estrenó, de modo que las pequeñas bandas negras que presenta la imagen sirven para ajustarla a la relación original.

Nada que objetar al contraste y la colorimetría. Desconozco cuál era la intención original, pero la relativa oscuridad de algunos planos supongo que habría de servir de contraste a los luminosos exteriores del verano cordobés. Los colores son densos y no hay marcas ni manchas, así que el único problema que presenta esta edición –al menos en su presentación en DVD- son los puntuales errores de compresión que aparecen cada tanto. Se ve a primera vista en los títulos de crédito, de color rojo y con un apreciable defecto de dientes de sierra. Si el defecto proviene de un reescalado de una fuente en definición estándar sólo podemos conjeturarlo.


La ampliación de uno de los cuadros nos permite hacernos a la idea de una insuficiencia que, una vez más, se podría haber evitado con un más estricto control de calidad.

Divisa / Video Mercury Films
DVD-9 | 1,66:1 | 16/9 | Español 2.0 y simulación de 5.1 | Color | 1:30:28
La casa de las palomas / Un solo grande amore (1972)
Producción: Star Films (ES) / Apollo Films (IT)
Director: Claudio Guerín Hill.
Guión: Leonardo Martín, Miguel Rubio, Giovanni Simonelli y Claudio Guerín Hill.
Fotografía: Fernando Arribas. Música: Francesco De Masi. Montaje: Antonio Ramírez.
Intérpretes: Ornella Muti, Glen Lee, Lucia Bosè, Carmen de Lirio, Caterina Boratto, Luis Dávila, Blanca Sendino, Kiti Manver, Concha Goyanes, Fernando Sánchez Polack.

Capturas del DVD:



















No hay comentarios:

Publicar un comentario